La enfermedad de Ménière se caracteriza por la sensación intermitente de vértigo, pérdida auditiva y tinnitus. Esta enfermedad fue descrita por primera vez en 1861 por el médico francés Prosper Ménière. Él mismo estaba afectado por la enfermedad. Con frecuencia, un ataque de Ménière está acompañado de náuseas y vómitos y puede durar desde pocos minutos hasta varias horas. Los ataques pueden suceder con frecuencia, por ejemplo varias veces por semana, o pueden pasar varios meses entre los ataques.
El vértigo asociado con la enfermedad de Ménière es un tipo de mareo que da una sensación de movimiento giratorio o de desplazamiento. El ataque está acompañado de una pérdida auditiva en el oído afectado que normalmente se encuentra en la zona de baja frecuencia. Entre ataques, la habilidad de oír puede ser normal. Sin embargo, después de varios ataques, la pérdida auditiva es cada vez permanente y la habilidad de discriminación auditiva se deteriora.
Durante los últimos años se ha intensificado la investigación de la causa y del tratamiento posible de la enfermedad de Ménière. Una de las teorías aceptadas en el mundo científico indica que los ataques de Ménière están causados por una acumulación de líquido en la cóclea y el órgano de equilibrio.
Es posible tratar los síntomas de la enfermedad de Ménière con varios tipos de fármacos que pueden reducir la intensidad y la frecuencia de los ataques. En algunos casos, el tratamiento puede mejorar la acumulación de líquido en el oído.
Debido a la pérdida auditiva fluctuante y la percepción distorsionada del sonido, la adaptación de audífonos en una persona con la enfermedad de Ménière es un proceso difícil. El que el audífono cuente con un control de volumen es una ventaja, ya que éste permite al usuario ajustar el volumen a los cambios que se producen en su audición.